¿Impuesto mínimo global en Chile?

El mundo miró con interés la propuesta de la secretaria del Tesoro de EE.UU, Janet Yellen, quien propuso la aplicación de un Impuesto Mínimo Global de un 21% que afectara las empresas multinacionales, estableciendo de esta forma un límite del cual ningún país cobraría menos que esa tasa para afectar las ganancias que generan estas compañías, con el claro propósito de evitar que se siga con la competencias de rebajas impositivas que atraen injustamente capitales y concentran las utilidades en países con baja o nula tributación.

Esta idea no es nueva, pues la OCDE desde 2013 que está impulsando estos acuerdos y ya había sido acogida, aunque no materializada, por varios países de la Unión Europea y del G20.

El presidente de los Estados Unidos ha planteado un plan de ayudas para paliar las necesidades surgidas por la pandemia, de dos mil millones de dólares que serían financiadas con estrategias internas y externas. Las internas están concentradas en el incremento de la tasa que afecta a las empresas de un 21% a un 28%, recuperando en algo la baja que el presidente Trump hizo de un 35% al 21; las estrategias externas, buscando que no existan paraísos tributarios o países como Irlanda que ofrecen baja tributación para atraer capitales.

Dentro del apetito por llamar la atención de algunos políticos chilenos en periodos eleccionarios, ya han levantado las voces para felicitar la iniciativa y señalar en nuestro Congreso que Chile debía seguir el camino de EE.UU y garantizar la aplicación de este Impuesto Mínimo Global. Así también, algunos economistas han establecido el rumbo de nuestra economía hacia los mismos objetivos del país del norte.

Me llama mucho la atención el entusiasmo de algunos sectores al recibido y adscribir a estas nuevas políticas que vienen de Norteamérica y que desconozcan las tremendas diferencias que existen y la no aplicabilidad para nuestra realidad.

En primer lugar, EE.UU está solucionando un problema particular que ellos tienen y que están realizando medidas ajustadas a su realidad, obligando a otros países a seguir sus lineamientos, situación que ya está siendo cuestionada por algunos personeros como el director del Banco Mundial David Malpass quien señaló sus reparos a la tasa del 21% la cual encontró alta, y que contrasta con las tasas de algunos países en la Unión Económica Europea que no sobrepasa el 20% y, por ende, no aumentarán su carga tributaria solo porque EE.UU necesita amarrar a sus inversionistas.

Así también lo han manifestado importantes economistas que han señalado que siempre habrá países que realizarán trampas y bajarán la carga tributaria de una forma indirecta por medio de exenciones, con el objeto de mantener inversiones extranjeras.

Por otro lado, la realidad chilena es muy distinta, pues nuestra tasa corporativa actualmente es de un 27% y no somos un país que atrae inversión extranjera por medio de facilidades tributarias.

Hay que recordar que el expresidente Ricardo Lagos introdujo en la Ley sobre Impuestos a la Renta el antiguo artículo 41D que se llamó “plataforma de inversiones”, cuyas disposiciones dejaban sin tributación a sociedades con capitales extranjeros que invertían en otros países. Pese a lo atractivo de la idea, no aumentó el nivel de inversionistas extranjeros, es más, fue una de las causas que impetró la expresidenta de Argentina Cristina Fernández para denunciar el tratado de doble tributación que teníamos y que emanó de la mediación del papa Juan Pablo II en la primera mitad de los años ochenta.

También hay que considerar que los inversionistas extranjeros tributan con la tasa del Impuesto Adicional que es del 35%, muy por sobre la tasa que propone la secretaria del tesorero Yellen.

Al parecer, el presidente Joe Biden está enfrentando los mismos problemas que el presidente Piñera de tener que aumentar los ingresos fiscales para poder ir en ayuda a los más afectados por la pandemia, pero en ambos casos tienen que aplicar mecanismos adecuados con sus realidades.

La realidad chilena es muy distinta a la norteamericana; es más, si adoptamos las políticas de ese país, tendríamos que bajar nuestra carga tributaria y caeríamos, precisamente, en lo que quiere evitar o corregir la política de EE.UU, generando aparejadamente, una eventual menor recaudación en nuestro país.

Es por lo anterior que Chile tiene que mirar su realidad y elaborar políticas adecuadas según su potencial y sus características, y solo tomar como referencia las directrices internacionales y no caer en el entusiasmo de políticas que tienen un nombre atractivo y parecen oportunas para solucionar nuestros problemas.

Prof. Germán R.Pinto Perry
Director del Magíster en Planificación y Gestión Tributaria
Universidad de Santiago

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